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viernes, 16 de junio de 2017

Los Condenados

Un espectro bien conocido y, a su vez, temido en la sierra peruana, es el condenado.
El condenado es el fantasma de una persona que murió dejando una cuenta pendiente que hace que vague y pene hasta que salde su cuenta.
Tal vez la venganza o un juramento de amor o tal vez mucha congoja en su funeral hacen que el difunto sea un condenado.
La única manera que el condenado se libere es devorando a la persona con la que tiene algo pendiente.
La persona con la que hizo un juramento, o la que le debe un favor o le mató o le robó, etcétera.
Sin importar cuál sea la razón, el condenado vaga por los caminos o por el campo, atacando a la persona si ésta se dirige al lugar en dónde pena o incluso el condenado visita a la persona hasta donde ella vive.
En el Perú, los cuentos y leyendas sobre los condenados abundan.

Es por eso que hoy les compartiré cinco relatos acerca de condenados, de los cuales tres relatos los encontré en un libro y los dos restantes son relatos que me contó un amigo cuando estábamos en el colegio.
En el libro Almas en pena: Relatos sobre condenados y aparecidos de nuestra tierra hay varios relatos sobre condenados.
Yo les contaré tres relatos de condenados que encontré en este libro.
Disfruten de estos relatos que tratan acerca de los condenados.







Condenado de la vaquería de Llac Yaymay
Érase un matrimonio que vivía en San Agustín, con sus tres hijos.
El esposo se fue de viaje a Lima pero en el regreso le dio un cólico y falleció. Lo enterraron allí donde perdió la vida, un lugar llamado Tambo de Perros, por el desierto por donde se iba a Lima hace tiempo.
La señora se enteró de la desgracia y estuvo acongojada, llorando en su vaquería, que quedaba en el pueblo de Llac Yaymay.
En una noche, llegó un hombre a la vaquería. La señora se valió de una lámpara y alumbrando al extraño se dio cuenta que era su difunto esposo.
Ella, sorprendida pero a la vez contenta lo recibió amorosamente, pensando que era un sueño. Además, ella no había visto el cuerpo de él.
El señor le dijo que tenía hambre y ella le dio de comer mazamorra. Ella notó que la mazamorra estaba derramada en su pecho.
Cuando él le pidió que le diera agua, ella le contestó que habría que buscar agua y él le dijo que vaya con su cordón.
La señora se dio cuenta que su esposo era un condenado.
Al salir la señora, el cordón le dijo a ella que su esposo era un condenado y que se fuera a Puente Viejo porque allí hay personas. Antes de irse la señora a dicho sitio, el cordón le pidió a ella que lo ate en un árbol para que el muerto se demore buscándola.
El condenado vio que la señora se demoraba y decidió ir tras ella para comérsela.
Llamó a su cordón y este le dijo que estaba atado. El condenado fue tras él para desatarlo y ponérselo, porque el cordón le daba movilidad y con él podía rastrear a los vivos donde estuviese que esté.
El condenado ya se estaba aproximando a su esposa. Finalmente, la esposa llegó a Puente Viejo y allí vio a un grupo de viajeros, ya que ese punto era un lugar obligado de parada que era usado por los viajeros que iban de San Agustín a Lima. Allí paraban para comer y recoger sus avíos y de ahí madrugaban para continuar el viaje.
La esposa se les acercó y les pidió, muy desesperada, que la escondan de un muerto que la viene persiguiendo. Ellos la escondieron en sus acémilas, tapándola con los aparejos de sus acémilas.
Justo en ese momento, apareció el condenado.
El condenado se percató que su esposa estaba escondida entre los animales pero al ver la barrera de viajeros que había en torno a las acémilas se atrevió a pelear con los viajeros.
Los viajeros se defendían golpeándolo con sus estribos que tenían esquinas de níquel o de plata.
Cuando el condenado recibía golpes, salía candela de su cabeza. Así pudieron dominar al condenado.
El condenado se marchó pero antes de irse pronunció que su esposa lo había condenado por su congoja.
Cuando el muerto se fue, los viajeros acompañaron a la señora a su casa, ya que, ella quería ver cómo estaban sus tres hijos.
Pero cuál fue su sorpresa cuando vio que no estaban. En su lugar, ella encontró huesos, huesos de niños introducidos en los huecos de las paredes de la casa.
El condenado se había comido a sus hijos.

El chico que no quiso comer
En un pueblo de Cusco, había una señora que vivía con su hijo. Sus criados le servían la comida primero a él. Él siempre se acostumbró a comer siendo su planto servido antes que el de los demás.
En una fiesta que su madre hizo se preparó un gran banquete. Vinieron varios convidados, entre ellos el cura.
A la hora de comer el chico se sentó al medio. La señora le sirvió la comida primero a él pero el niño por la posición de su asiento no vio que le sirvieron primero y se puso triste.
Todos comieron pero el chico no comió, pensando que su madre lo había olvidado.
El chico se levantó de la mesa y cabizbajo salió. No volvieron a ver al chico.
El chico se había desaparecido. Su madre lo mandó buscar. Una de las empleadas fue a una casa derruida y allí encontraron al chico. El chico se había contrapesado con una piedra y estaba colgado de una faja que su mamá le había obsequiado y que él amarró en su cuello. Se había ahorcado. Su lengua se le saltó por la boca, muy horriblemente.
Ella se asustó y se lo contó a su señora quien no lo creyó pero al verlo ella misma lo comprobó.
Después que lo enterraron, el alma del niño comenzó a penar. En las noches, el condenado comenzó a vagar por las afueras de la casa de su madre, lamentándose, culpándola a ella por haberle dado el primer plato en la mesa y por ello se convirtió en condenado y que la llamaba para que penen juntos.
Ella, temerosa que él se la lleve, se hizo de crucifijos, escapularios e imágenes de santos y vírgenes con los que adornó su cuarto.
El condenado, a la noche siguiente, volvió y le dijo lamentándose que ella corrió con mucha suerte pues los santos la protegen.
Ella se lo contó a la mañana siguiente al párroco y él le dijo que no se debe dar el primer plato a los niños pues eso los hace penar. Durante tres noches, ella rodeada con las imágenes religiosas rezaba y rezaba. Eso la salvó.

El juramento
Había una pareja que se amaba muchísimo. El chico le prometió a ella que si él moría primero, él se la llevaría.
Sus padres se oponían a la relación, por lo que ellos decidieron escaparse. Así lo hicieron y se encontraron fuera del pueblo. El dinero que trajeron no les alcanzaba para mucho. Ante el apuro que pasarían por la escasez de dinero en un par de días, él joven decidió ir a su casa para robarles a sus padres, con la esperanza que encontrar un monto que les permita aguantar algunas semanas.
El joven ingresó a su casa ya muy entrada la noche. Él sabía dónde está el dinero. En eso, varios paquetes de lana se cayeron sobre el joven, aprisionándolo. El chico comenzó a gritar.
Los padres se levantaron. Su padre había cogido un hacha y sin encender la luz le atinó un certero golpe que mató a su hijo. Eso lo hizo pensando que era un ladrón.
Al día siguiente, los padres vieron el cadáver y se dieron cuenta que el ladrón era en realidad su propio hijo. Ellos lo lloraron y lo enterraron.
La chica estuvo esperando toda la noche anterior a su enamorado sin saber que él había sido victimado. Ella siguió esperándolo.
En esa noche, se le apareció el joven. En realidad era el alma de su enamorado quien quedó atrapado por el juramento que hizo.
La chica comió pero el chico no comió nada. Es más andaba muy callado.
Tras comer, él le dijo que debían caminar mucho, apartarse del pueblo. Caminaron hasta que la mujer ya no pudo más. Decidieron pernoctar cerca. En eso vieron una casa. La jovencita se fue a pedir al dueño que les dejasen dormir pero el chico le dijo que fuera ella nomás, que él se quedaría a dormir afuera.
La chica le explicó su situación al dueño de la casa, quien era una señora. La señora les preparó un mate, una bebida hecha con hierbas, muy caliente. Bebieron el mate y la chica decidió  dormir afuera con su novio, aun cuando ella quería dormir dentro, en la casa.
La señora, después de un rato, se acercó hacia ellos para verlos y cuál fue su sorpresa cuando vio que el novio exhalaba unas lenguas de fuego por la boca.
Al dia siguiente, la señora le habló en privado a la chica, diciéndole que el novio de ella, de la chica, era un condenado y que la lleva al infierno. Le dijo que él seguro se la llevará para que ella rece por él y luego se la comerá.
Ella le regaló una soga, un peine, una aguja y una tijera. Le aconsejó, por último, que lleguen a la orilla del río y que ella lo ate a él a su espalda, para convencerlo que cruce porque él seguro no va a querer cruzar el río. Una vez que esté en el río con su enamorado en su espalda, ella debería soltarlo y echarse a correr. Y cuando corra lance al suelo las cosas que ella le dio, uno por uno. Ella asintió y se lo agradeció. Se despidió  de ella y continuó la marcha con su enamorado.
Al llegar a un río, la chica convenció a su enamorado para que se deje atar a su espalda y así cruzar el río, ya que él se negó a cruzarlo caminando, tal y cómo la señora lo anticipó.
El enamorado se dejó atar con la soga y la chica cruzó el río. En la mitad de la corriente, ella desamarró la soga de su espalda y el chico cayó al río. Entonces ella llegó a la otra orilla del río y el condenado le gritó “te voy a comer” mientras era arrastrado por la corriente del río.
La mujer corrió siguiendo un camino en la orilla del río. El condenado pudo llegar a un islote, donde se desató las manos y comenzó a perseguirla.
Ella, al ver que el condenado se aproximaba, botó el peine al suelo y se convirtió el peine en un obstáculo. Tras superarlo, el muerto remontó distancia. La mujer botó la tijera y esta se convirtió en un peñasco. Sucedió lo mismo. El muerto remontó la distancia y cuando iba a alcanzar a la chica, ella lanzó el último objeto: la aguja, la cual se convirtió en una masa de agua.
Aunque esos obstáculos fueron superados, le dieron un tiempo valioso a la chica en su persecución.
Ella vio a unos hombres que venían con piaras de mulas y varios peones.
La mujer les pidió que le ayuden a esconderse de un muerto que la perseguía. Ellos la escondieron entre los animales. La taparon con odres que contenían alcohol.
El condenado comenzó a pelear con los hombres debido a que ellos le obstruían el paso a las mulas, ya que olfateaba que la mujer estaba allí.
El condenado terminó hecho un amasijo de carne y huesos. Los hombres juntaron sus restos y lo quemaron. De entre las cenizas salió volando una paloma blanca, la cual era el alma del difunto pero ya librada y salvada de su condena. La paloma dijo que por el juramento que hizo con su enamorada se condenó pero que ellos lo salvaron. Tras decir ello remontó el vuelo.

En los relatos que escucharon, notaron como algunas cosas fantasiosas entraron en escena, e incluso, se repitieron en dos relatos. Lo más seguro es que son elementos y variaciones que las personas decidieron agregarle para mostrar enseñanzas.
Sin embargo, creo que hubo apariciones de estos espectros en toda su dimensión, sin cuotas de fantasía agregadas.
Esos relatos no son los únicos que escucharan.
Hay relatos de la aparición de estos espectros contados sin mucha fantasía, algo más verosímiles y más aterradores.
Para cerrar con broche de oro este video, les compartiré dos relatos que me contó un amigo del colegio hace once años.




RELATOS DE MI AMIGO
En el 2004, en una tarde en que no había clases, mi amigo del colegio, nivel secundaria, me contó dos historias de espectros. Los dos ocurridos en un pueblito del departamento de Ayacucho.

El primer relato trata de que un grupo de personas iban caminando por camino en el campo. Era de noche. Uno de ellos estaba bien borracho, tanto que se quedó dormido en el camino. Las personas trataron de hacerlo despertar pero en eso escuchan a lo lejos un griterío y pasos de personas que se acercan hacia ellos. Ellos desconocían quien podía ser y reparando en que eran ánimas decidieron esconderse tras unos arbustos detrás del camino. Intentaron llevarse al borracho pero como no podían decidieron echarle una manta para que lo cubra, al sentir la proximidad de las supuestas personas.
Los viajeros, escondidos, vieron quienes eran los que se acercaban. Eran unos condenados, unos diablos que hablaban y cantaban, con un aspecto que daba horror a quien los miraba.
Ellos no se percataron del borracho y siguieron de largo por el camino, perdiéndose.
Al escuchar sus voces ya lejos hasta casi desaparecer, las personas salieron de los arbustos y decidieron llevarse al borracho antes que regresen los condenados. Cuando levantaron la manta, vieron que el muerto era ahora un esqueleto. Los condenados se lo comieron y se llevaron su alma.

El segundo relato trata de un vecino que siempre compraba en la tienda de un señor. Era su casero porque siempre compraba allí. Como siempre le compraba, hubo una gran amistad entre ellos. En una ocasión el vecino le juró que siempre le compraría a él. Luego de un tiempo, el tiendero murió. Hubo una tristeza por el vecino por perder a un amigo pero ni modo, la vida debía continuar. Hizo sus labores normales y las compras del mercado.
Claro, él tuvo que comprar en otro sitio, ya que ni modo que le compre a un muerto.
Sin embargo, él no reparó en las consecuencias por ese juramento y por el desobedecerlo.
En una ocasión, ya en la medianoche, el vecino escuchó unos quejidos y lamentos en su casa.
De pronto, se le apareció el espectro de su casero. Él le hizo acordar de su juramento así como él lo rompió, obligándolo a penar. La única forma de liberarse era comiéndolo. El vecino, aterrado, salió huyendo de su casa, perseguido por el condenado. Sin importar que tanto corrió, el condenado siguió persiguiéndolo hasta que, finalmente, lo alcanzó y se lo comió.



viernes, 24 de marzo de 2017

La procesión de las ánimas en América Latina

La Santa Compaña no es un fenómeno sólo de Galicia o de España. También han sucedido casos en algunos países de América Latina. Incluso hasta ha salido impreso en una obra de un famoso escritor peruano.
En esta oportunidad voy a compartir la tradición de la procesión de las ánimas del escritor peruano Ricardo Palma pero no será el único relato que cuente, ya que les contaré dos experiencias reales con procesiones de muertos.




La procesión de las ánimas en la literatura peruana (Tradiciones Peruanas)
En el libro Tradiciones Peruanas del afamado escritor peruano Ricardo Palma podemos encontrar una tradición que nos revela que en Lima se producía el fenómeno de la Santa Compaña. Dicha tradición tiene por nombre “La procesión de ánimas de San Agustín”.
Esto sucedió en la Lima Virreinal.




En la época de la colonia, precisamente en 1640, el alcalde de Lima Alfonso Arias de Segura, un hombre imparcial en su sentido de justicia y aplicar la ley, inculpó a un lego agustino, llamado Cominito, de un crimen. porque lo encontró en el lugar del crimen. Dicho lego era inocente pero el haberse quedado en el lugar del crimen para socorrer a la víctima fue suficiente, según Arias de Segura, para demostrar que era culpable y por tanto, debía morir. El señor alcalde sentenció pena de ahorcamiento. El inculpado fue ahorcado y con ello la sentencia fue cumplida.
Sin embargo, en esa misma noche, el juez recibió una carta del homicida, quien se hacía cargo del asesinato del victimado y pedía que libere al inculpado, que horas antes había sido ejecutado.
El alcalde, quien se jactaba de ser justo e incorruptible, se turbó por haber actuado de manera tan injusta y salió al balcón para respirar tras sentiré mareado.
En eso sonó la campanada de la medianoche. Cual fue la sorpresa del alcalde al ver salir del interior de la iglesia que estaba al lado de su casa a una larga procesión de frailes que portaban cirios encendidos que se pararon enfrente de ellos y pudo distinguir por la mortecina luz de las velas que se trataban de esqueletos cubiertos de túnicas. Estas ánimas le increparon por esa actitud tan injusta de proceder y apenas se retiraron, el juez se desmayó y fue encontrado a la mañana siguiente en el frío piso del balcón, desmayado. Hubo dos mujeres de edad mayor que juraron haber visto a la procesión. Ese alcalde decidió dejar la alcaldía y se entregó a una vida monástica que cómo era frecuente en esa época para purgar culpas y pecados.
En la misma tradición, encontramos otro relato. Se rumoreaba que en la misma ciudad de Lima, Perú, para ser más concreto en el barrio de San Francisco, salía una procesión de la capilla de la Soledad. En una ocasión, una mujer se asomó y vio la procesión que pasaba por su puerta.  Todas las ánimas al pasar por su lado le dejaron encomendado sus cirios, por lo que ella alcanzó a guardar centenares de velas.
Al día siguiente se levantó para hacer negocio vendiéndolas, pero se dio tremenda sorpresa al ya no encontrar los cirios sino que halló en su lugar decenas de huesos.
La mujer sabía que esa misma noche se la llevarían, por lo que decidió confesarse ante el sacerdote quien le aconsejó que escondiera debajo de una manta a un recién nacido y en el momento en que vinieran a llevársela, ella pellizque a la criatura para que ella llorase y así las almas no tuvieran que cargar con el bebe.
Esa misma noche, se presentó el cortejo fúnebre en la puerta de su casa y ella hizo así cómo le aconsejó  el sacerdote y ella se salvó por ese truco.




Tras haber relatado la tradición de la procesión de las ánimas, permítame contarles dos relatos sobre La Procesión de muertos.


El primero es un relato que me hizo saber el suscriptor Ziu Zihueta Mini Valencia de México. Lo contaré a manera de entrevista.
Mi vecina me contó una vez que en una reunión de la familia de su hermana, creo era una fiesta, la suegra o suegro de mi hermana veía un tanto lejos una procesión así como la que describes de la santa Compaña, y les decía pero nadie podía verla y tiempo después aquella personas que la vio falleció mas o menos como entre 6 o 8 meses.



El segundo y último relato es sobre la experiencia que le sucedió a mí papá.
En la ciudad de Andahuaylas, Perú, mi padre había comprado una vasija prehispánica a un ciudadano francés que obtuvo tal pieza en una excavación por el lugar.
Mi padre vivía en una casa que antes fue un monasterio donde penaban. Él puso la vasija en la cocina. Él me cuenta que la vasija tenía una particularidad excepcional: si ponías una moneda dentro de la vasija, encontrabas luego que había dos o más.
Después de ello, vino una experiencia que provocó una animadversión a la vasija.
En una noche, mi padre se despertó tras escuchar unos ruidos que provenían de la cocina. Mi padre estaba comprometido con una pareja que era anterior a mi madre. Ambos se despiertan del todo, pensando que eran ladrones quienes habían ingresado a la cocina. Los ruidos eran cómo de voces y se escuchaba un redoblar de tambores. Mi padre salió de su cuarto, que estaba en el segundo piso, y  se dirigió al baño que también estaba en el segundo piso. El baño tenía un tragaluz que daba a la cocina, que estaba en el primer piso. Desde el baño uno podía ver la cocina. Mi padre se asomó y no dio crédito a lo que vio: en la cocina, había unos cuatro o cinco enanos con túnicas blancas y encapuchados que entonaban extraños canticos y hacían una redondela. Así caminaban hasta que simplemente se desvaneció tal visión.
Mi padre se contuvo y pudo manejarse. Decidió que la vasija no se podía quedar, por lo que la mandó en una encomienda a la casa de sus padres en Cañete.
Mi abuelo también dio cuenta de que la vasija multiplicaba las monedas que se dejaban en su interior y que también vio a la procesión.

Mi padre asegura que esa vasija de los gentiles, cómo así la llamaba y refería, tuvo que ver con la muerte de mi abuelo, su padre, ya que su deceso ocurrió poco tiempo después que trajo la vasija a la casa de mí abuelo.

Plaza de Armas de Andahuaylas, Perú



La Santa Compaña

Galicia es una región muy enigmática, al norte de España, donde la tradición se infunde en la atmosfera de la región, como si la bruma del bosque fuera el indicador de que algo siniestro circula por el lugar.
Existe una tradición muy conocida en la región gallega. Una tradición muy temida en aquellas tierras. Dicha tradición es la Santa Compaña.




No sólo es en Galicia donde ubicamos este fenómeno. En diversas regiones de España y también en otros países de habla hispana, la Santa Compaña es un hecho conocido que incluso tiene varias denominaciones. Santa Compaña, Estantigua,  Güestia, Güéspeda, Estadea, Hoste, Genti de Muerti, o simplemente Procesión de almas. No importa el nombre, siempre se describe el mismo fenómeno el cual consiste en una procesión de animas que van vestidas con túnicas que impiden ver su rostro cadavérico. Van portando una vela en la mano, la cual no es otra cosa que una canilla de muerto. La persona que vea este fenómeno será abordado por uno de los espectros al cual le darán una vela y que descubre esa persona que ello se convirtió al día siguiente en un hueso. Esa persona cuando muera se unirá en espíritu a vagar en esa procesión maldita.
Aunque en varias partes de España y Latinoamérica se han producido esos avistamientos, esta leyenda de espectros errantes es más conocido en Galicia, como si de ese lugar se haya dispersado tal fenómeno.
Es sabido entre los gallegos que entre los bosques se aparece una comitiva de monjes que andan portando velas, siendo una procesión de muertos, por lo que nadie debería ingresar al bosque para no ver tal espectáculo, ya que si lo hicieres, tú tendrías que unirte a la procesión a la noche siguiente, cuando los muertos caminen a tu hogar para llevarte con ellos.

Se cree que esos espectros son las almas de monjes que fallecieron y que fueron enterrados en estancias mortuorias o catacumbas dentro de las iglesias. Sólo así se puede explicar el porqué este fenómeno es tan conocido fuera de Galicia, ya que los legos que morían nunca dejaban de pertenecer a la hermandad de la iglesia a la que pertenecían. Pareciera ser como una maldición que cuando las distintas órdenes religiosas llegaron a las colonias españolas en América, ese fenómeno comenzó a producirse en las iglesias de las ciudades hispanoamericanas.

Las vestimentas de los espectros varían desde túnicas blancas hasta túnicas negras pero una constante es que en Galicia los espectros visten de túnicas blancas y en otras regiones de España y también en otros países generalmente los fantasmas deambulan con túnicas negras, recordando quizás a las órdenes franciscanas y agustinas.



Aunque el aspecto de la Santa Compaña varía según la tradición de diferentes zonas, la más extendida es la formada por una comitiva de almas en pena, vestidos con túnicas blancas con capucha que vagan durante la noche.
Esta procesión fantasmal forma dos hileras, van envueltas en sudarios y con los pies descalzos. Cada fantasma lleva una vela encendida y su paso deja un olor a cera en el aire. Al frente de esta compañía fantasmal se encuentra un espectro mayor llamado Estadea.
La procesión va encabezada por un vivo (mortal) portando una cruz y un caldero de agua bendita seguido por las ánimas con velas encendidas, no siempre visibles, notándose su presencia en el olor a cera y el viento que se levanta a su paso.
Esta persona viva que precede a la procesión puede ser hombre o mujer, dependiendo de si el patrón de la parroquia es un santo o una santa. También se cree que quien realiza esa "función" no recuerda durante el día lo ocurrido en el transcurso de la noche, únicamente se podrá reconocer a las personas penadas con este castigo por su extremada delgadez y palidez. Cada noche su luz será más intensa y cada día su palidez irá en aumento. No les permiten descansar ninguna noche, por lo que su salud se va debilitando hasta enfermar sin que nadie sepa las causas de tan misterioso mal. Condenados a vagar noche tras noche hasta que mueran u otro incauto sea sorprendido (al cual el que encabeza la procesión le deberá pasar la cruz que porta).
Caminan emitiendo rezos (casi siempre un rosario) cánticos fúnebres y tocando una pequeña campanilla.
A su paso, cesan previamente todos los ruidos de los animales en el bosque y se escuchan unas campanas. Los perros anuncian la llegada de la Santa Compaña aullando de forma desmedida, los gatos huyen despavoridos y realmente asustados.
Se dice que no todos los mortales tienen la facultad de ver con los ojos a "La Compaña". Elisardo Becoña Iglesias, en su obra La Santa Compaña, El Urco y Los Muertos explica que según la tradición, tan sólo ciertos "dotados" poseen la facultad de verla: los niños a los que el sacerdote, por error, bautiza usando el óleo de los difuntos, poseerán, ya de adultos, la facultad de ver la aparición. Otros, no menos creyentes en la leyenda, habrán de conformarse con sentirla, intuirla, etc.
Para librarse de esta obligación, la persona que vea pasar la Santa Compaña debe trazar un círculo en el suelo y entrar en él o bien acostarse boca abajo. Para librarse de la Santa Compaña se debe llevar una cruz encima, rezar sin escuchar los cánticos de la Santa Compaña, o bien, en última instancia, salir corriendo.

Aunque todas sus versiones coinciden en considerar la Santa Compaña como una anunciadora de muerte, hay diferentes versiones.
En la mayoría de las historias la Santa Compaña realiza sus apariciones de noche, pero también hay casos en los que se habla de salidas diurnas.
En unas versiones se cuenta que la luctuosa procesión transporta un ataúd en el cual hay una persona dentro, la cual puede ser incluso la persona que sufre la aparición siendo su cuerpo astral el que está en el ataúd.
Se pueden aparecer en diferentes lugares, pero predominan en las encrucijadas.

Las numerosas leyendas sobre esta compañía de difuntos en pena cuentan que se aparecen en los caminos cercanos a los camposantos en busca de algo o alguien, y que siempre aparecen con un motivo por el cual es símbolo de desastre o maldición. Los motivos por lo que esta compañía de almas errantes puede aparecer son:
-Para reclamar el alma de alguien que morirá pronto. Cuenta la leyenda que quien recibe la visita de la Compaña morirá en el plazo de un año.
-Para reprochar a los vivos, faltas o errores cometidos. Si la falta es especialmente grave, el mortal que la ha cometido podría recibir la visita de la Compaña para que la encabece, condenado así a vagar hasta que otro mortal le reemplace.
-Para anunciar la muerte de un conocido del que presencia la procesión.
-Para cumplir una pena impuesta por alguna autoridad del más allá.

En España, sobre todo en Galicia, se recogen numerosas leyendas en torno a esta macabra procesión. Algunas de ellas están recogidas en el "Diccionario de los seres míticos gallegos".
Cuenta una de ellas que esta misa se celebra de noche en la iglesia parroquial, suele ser los domingos por la tarde, a la que asisten las ánimas de los finados de la parroquia que están penando en el Purgatorio: Oficia la misa el ánima de un antiguo clérigo en la parroquia, puede que ni recordado por los vivos. La principal condición para que pueda celebrarse esta misa es que asista a ella un vivo, pues sino no tiene validez. El vivo, sin saber qué puede ocurrir, se acerca a la iglesia porque la ve iluminada de noche y con gente dentro, oye algún ruido o siente algo extraño que le hace mirar qué pasa. Al finalizar la ceremonia, las ánimas desaparecen como por arte de encanto, se apagan las luces, se cierra la puerta de la iglesia y el vivo, en muchos casos se queda solo dentro y hay veces que hasta es tomado por ladrón cuando lo descubren al otro día...




CASOS DE AVISTAMIENTOS:
Miles de testimonios aseguran haber visto una procesión de figuras con sudario, que avalarían la existencia del mito gallego de la Santa Compaña. ¿Qué hay de cierto? Veamos las hipótesis más sugestivas y los relatos de algunos testigos.
El doctor Pereira regresaba a casa al filo de las dos de la madrugada tras atender un parto difícil en una aldea vecina. Al doblar un recodo del camino se encontró con «La Compaña». Era un grupo de unas ocho tétricas figuras vestidas de blanco y cubiertas con sendas capuchas comandado por un pálido individuo que portaba una gran cruz de madera. La fantasmal comitiva se movía en el más absoluto silencio, mientras un fuerte olor a cera quemada lo inundaba todo. De repente, el grupo se detuvo frente a la casa de Manolo, el de la ferretería. El pánico dominó al doctor Pereira que salió disparado, como alma que lleva el diablo, para refugiarse en su vivienda, al otro lado del pueblo. Atrás quedaba el «mito imposible» que había visto con sus propios ojos: «La Santa Compaña». Cuatro días después Manolo el ferretero moría de un infarto en la tasca del pueblo...
Este es uno de los casos típicos y tópicos que el folklore y la cultura popular gallega amontona entre los relatos de los viejos lugareños de cualquiera de sus aldeas. Y es que resulta muy difícil, aún en los años noventa, encontrar una aldea o pueblo gallego en el que no exista, al menos, un testigo de estas insólitas apariciones.
Muchos han sido los literatos e intelectuales gallegos que han elegido «La Santa Compaña» como el argumento base de sus fábulas, y muchos también los antropólogos y sociólogos que han pretendido estudiar y comprender el mito. Pero todos los intentos de cuadricular esta tradición han sido pobres en resultados, ya que el mito de «La Compaña» ha sido asimilado de tal forma por la cultura rural gallega que sus variantes y matices son demasiados para ser clasificados alegremente. Cada pequeña localidad posee una «Santa Compaña» con personalidad propia.
Naturalmente existen casos abundantes para apoyar cualquiera de las creencias populares sobre ánimas, a pesar de que con el estudio serio y científico que algunos investigadores han hecho del mito, éste comienza a perder su aureola sobrenatural para encontrar, en muchos casos, una serie de respuestas posibles más lógicas y terrenales.
Según el estudio de algunos antropólogos o investigadores que se han ocupado del tema, en muchas ocasiones las apariciones de «La Compaña» se daban en lugares de características similares: terreno irregular, poca luz, un solo testigo y a altas horas de la noche... Algunos estudiosos, tras analizar casos concretos, llegaron a la conclusión de que en muchas ocasiones una pandilla de contrabandistas de tabaco, tan habituales en Galicia, o una partida de mariscadores, bien podrían haber sido tomados en la penumbra de la noche y por unos testigos pre-condicionados culturalmente, por una procesión de «ánimas en pena». Y no les falta razón.



En El Ferrol Juan Pérez decía: «Estaba con mi hermano en el coche, cerca de la playa, cuando los vimos. Eran una media docena. Todos vestían túnicas blancas, como de monjes, y se movían en silencio por encima de las rocas. Nos quedamos petrificados sin poder decir palabra...».
Bruno Alabau, otro testigo de la insólita aparición, fue el más explícito, ya que pudo presenciar el fenómeno desde más cerca: «Fue en marzo de 1982, en Gisamo (La Coruña).
Yo era boy-scout y me encontraba con mis compañeros en una acampada de fin de semana. Después de la cena, ya era de noche, hicimos un «acecho», una especie de juego del escondite. Yo decidí rodear el campamento a través del bosque, así que me fui colina abajo y cuando estaba llegando al camino ví unas luces. Pensé que sería alguno de mis compañeros así que me escondí detrás de unos árboles con la idea de darles un susto, pero el asustado fui yo. No me preguntes qué era aquello. Eran siete «personas» en dos filas de tres y con uno de ellos delante, entre las dos filas. Todos vestían igual, una especie de túnicas terminadas en unos capuchones, como los de Semana Santa. El de delante llevaba una gran cruz que parecía hecha con dos maderas planas. Y los dos que le seguían, uno en cada fila, llevaban una gran vela cada uno. Los otros cuatro no llevaban nada. Me quedé allí, como paralizado, hasta que cruzaron frente a mí y se perdieron tras los árboles. Luego volví corriendo al campamento pero no conté nada a nadie; me tomarían por loco...».
Según la tradición popular, Bruno habría tenido mucha suerte, ya que el fundamento del mito es el de que «La Santa Compaña» está compuesta por un grupo de difuntos precedidos por un vivo condenado a salir todas las noches a los caminos, comandando la fúnebre peregrinación, portando la cruz o un cubo de agua bendita, hasta encontrarse con otro vivo a quien traspasar la condena y así quedar libre. De no hacerlo así, en un determinado tiempo iría enfermando y palideciendo gradualmente hasta morir.



Dicen los lugareños que no todos los mortales tienen la facultad de ver con los ojos a «La Compaña». Elisardo Becoña Iglesias, en su obra «La Santa Compaña, El Urco y Los Muertos» explica que según la tradición, tan sólo ciertos «dotados» poseen la facultad de verla: los niños a los que el sacerdote, por error, bautiza usando el óleo de los difuntos, poseerán, ya de adultos, la facultad de ver la aparición. Otros, no menos creyentes en la leyenda, habrán de conformarse con sentirla, intuírla, etcétera. Y es que habría una serie de indicios de la proximidad de la aparición como podría ser el olor a velas surgiendo de repente, o el espanto de determinados animales: perros, gatos, caballos... que según la leyenda pueden ver esos fantasmas por algún tipo de sensibilidad especial.
El buen creyente habrá de dejarse guiar por esa intuición y tomar igualmente las medidas oportunas. En las afueras de La Coruña, existe el caso de Fernando A. Hermida: «Iba con mis hermanos a ver una carrera de motos cerca de Santa Cristina. Debían ser las ocho, pero como era invierno ya había anochecido. De repente, escuchamos que los perros de una finca cercana comenzaron a ladrar como locos y un fortísimo olor a cera quemada nos rodeó. No es que yo crea en esas cosas pero, por si las moscas tracé un círculo en el suelo a nuestro alrededor, hicimos «la higa» con las manos y gracias a Dios no pasó nada... ».



Algunos investigadores han intentado buscar paralelismos entre otros casos de «aparición fantasmal» en Galicia y el mito de la Compaña. Celia D. Calo, joven administrativa de órdenes, describe la aparición en su propio domicilio de un ser alto, vestido de blanco y con apariencia cuasireligiosa. Si nos limitásemos a tan pobre descripción, efectivamente podríamos buscar paralelismos, pero «La Compaña» posee una estructura, una personalidad y una tradición muy específica como para equipararla, gratuitamente, con otras apariciones. Más aún cuando el caso presenta tintes precognitivos. Precisamente esta es una de las señas de identidad de la auténtica «Santa Compaña».
En la localidad pontevedresa de Marín, existe otro caso, el de Charo Santiago: «Yo regresaba a casa después del trabajo. Aquella noche había salido un poco más tarde porque teníamos tarea atrasada. Salí de la carretera principal de Marín por el atajo que tomaba siempre que tenía prisa. Entonces los ví. Eran unos diez. Vestían todos de blanco y algunos llevaban luces, velas o candiles. Estaban parados delante de la casa de Mari Carmen, una vecina que conozco hacía años. Yo me asusté mucho y eché a correr hasta llegar a casa. No lo comenté con nadie hasta que dos días después esta vecina moría de repente, de no se qué enfermedad rara...».
Casos como el de Charo han llevado a especular a algunos parapsicólogos con la posibilidad de que se trate de una justificación inconsciente del testigo que ha tenido una premonición de muerte y la proyectase mentalmente como «La Compaña».
Desgraciadamente hasta el momento no se ha hecho ningún tipo de investigación en profundidad. Javier Alonso Rebollo comenta los aspectos psicológicos de «La Santa Compaña»: «En sí mismo este mito reúne las características clásicas de los populares «fantasmas», a pesar de verse influído por otros aspectos del folklore gallego. Uno de los mayores legados que el neolítico dejó en esta región es el de la vida más allá de la muerte, y las diversas corrientes culturales y heréticas que llegaron a Galicia nos trajeron la creencia en que eran posibles las comunicaciones con ese más allá. Esto podría entroncar con determinadas creencias espiritistas. Pero además «La Santa Compaña» presenta un aspecto precognitivo al anunciar la muerte del visitado por esta comitiva, y también aspectos relativos al desdoblamiento «astral», ya que el vivo que ha de presidir la peregrinación no podrá esconderse en ningún lugar ni huir. Según el mito, cada noche, inevitablemente, y mientras no traspase la cruz a otro vivo, saldrá de su cuerpo cuando esté dormido y aparecerá nuevamente al frente de la procesión de difuntos... ».
Sea como fuere, miles de personas en toda Galicia aseguran haberla visto. Cientos de testigos afirman haberse topado en las oscuras «corredoiras» gallegas con una fantasmal procesión compuesta de pálidos espectros vestidos de blanco, mensajeros de la muerte y del miedo. Y aunque un amplio sector de la población dude de su existencia... haberla hayla.



En el municipio pontevedrés de Budiño existe uno de los casos más típicos y arquetípicos de aparición de la Santa Compaña.
Sofía R.Pérez es un ama de casa de 42 años, madre de cuatro hijos, conocida y respetada por todos los vecinos del pueblo. A pesar del tiempo transcurrido desde su experiencia, Sofía la recuerda perfectamente.
«Yo tenía ocho años comenta cuando ocurrió. Mi madre y yo habíamos salido para visitar a una amiga y bajábamos por el camino de detrás de la casa, cerca del cementerio.
No era muy tarde, pero como era invierno ya era de noche. Fue justo al llegar al cruce. Yo oí un ruido de pasos muy grande, como si se acercase mucha gente. Le pregunté a mamá si lo oía y dijo que sí. Entonces vimos que bajaba por la carretera una procesión, como de un entierro. Eran muchos, no sé el número, pero todos vestían igual. Llevaban una especie de túnicas negras que les cubrían todo el cuerpo, con una capucha también negra. Pasaron muy cerca de nosotros.
Nos quedamos paralizadas. Yo era muy pequeña y no entendía muy bien qué era aquello, pero mi madre estaba aterrorizada, me apretaba muy fuerte contra ella, diciéndome que no hiciera ruido. Y cual fue nuestra sorpresa que al final de la fila de «La Compaña», vimos a una mujer; ¡A una vecina nuestra!.
Era la «Tía Preciosa», una vecina que vivía unas casas más arriba de la nuestra. Yo la reconocí por su forma de andar, porque tenía un defecto en las piernas y luego la vimos muy claramente. Llevaba como un palo en la mano y una especie de «pedra» como un mármol, pero muy, muy brillante. Pasó a nuestro lado en silencio «como un ánima». Y se fue detrás de la Santa Compaña.
No nos dio tiempo de preguntarle que hacía allí. Cuatro días después de pasar esto, «a tía Preciosa» moría. Estaba en la cocina y un rayo entró por la chimenea y la mató. Yo creo que aquello fue un aviso... todos avisamos antes de morir...».
Llegó el día y se reunieron los cinco en la plaza, Juan estaba nervioso mientras sus amigos lo tomaron a risa y cachondeo. Se dirigieron hacia el interior del bosque por el sendero. Bromeaban con el tema a cada paso, y Juán se ponía cada vez más alterado, hasta que enfadado les sugirió un cambio de actitud o volvería a su casa.
Llegaron a una zona que de repente se volvió silenciosa, las aves nocturnas cesaron sus cantos, los perros aullaban en la lejanía, y un olor a cera se percibía cada vez más intenso. Juán estaba aterrado, y con su mirada buscó la salida del camino, creía recordar que había un “cruceiro” por allí cerca. Los chicos se reían de él, hasta que un sonido cada vez más penetrante comenzó a llegar a sus oídos, eran ruidos de cadenas y una pequeña campanilla. Salieron del sendero buscando la carretera, y según llegaron a ella, las vieron...
Ya los tenían muy cerca, según llegaron a la carretera las distinguieron, las dos filas de almas, con el vivo en la cabecera del grupo portando la cruz y el cubo. Todos salieron corriendo a toda velocidad, dirigiéndose hacia sus casas sin mirar atrás ni prestando atención a sus amigos tal era el miedo que los poseía.
Juan quedó inmóvil, paralizado por el miedo, y cuando quiso reaccionar ya los tenía delante, el sonido de sus rezos penetraba en sus oídos perforándolos, sus ojos comenzaron a llorar sangre y el corazón parecía dejar de latir por momentos. El que portaba la cruz y el cubo extendió sus brazos presentando su ofrenda, y él incapaz de retener sus brazos que no le obedecían, recogió el ofrecimiento.
Llegó la mañana sin que ninguno pudiese pegar ojo, y pasaron el domingo sin verse. El lunes cuando se vieron en el colegio no hablaron del tema, les causaba temor hacerlo. Y pasaron los días, Juan cada día estaba más cansado y pálido, y sus amigos comenzaron a sospechar lo que había podido pasar, ninguno parecía recordar si él también había salido corriendo la maldita noche. Temían que hubiese sido sustituido por el que presidía la procesión maldita, pero ninguno se atrevió a contar nada a nadie. Meses después Juan falleció sin que ningún médico fuese capaz de dar un diagnóstico del mal que acabó con su vida.




Esos relatos los he sacado de foros españoles ya que en internet todos los relatos sobre la Santa Compaña son de hombres y mujeres de España, principalmente de la región de Galicia. Sin embargo, en la literatura americana, uno también puede encontrar pruebas escritas de que la Santa Compaña está presente en América Latina.
En el próximo artículo, relataré algunos relatos que encontré de la Santa Compaña en la literatura del Perú, siendo que en América Latina se le conoce a este fenómeno como Procesión de las ánimas.

lunes, 20 de marzo de 2017

Aquelarres: reunión de las brujas en el Cerro Prieto (Ica)

En el artículo "Leyendas y Tradiciones Iqueñas", que trata sobre dicho libro del escritor iqueño Juan Donaire”, abordé varias historias, siendo una de ellas la del cerro Prieto.
Como ustedes saben, dicho cerro tiene un aura muy negativa, relacionada con la creencia de que allí se congregaban brujas en fatídicas y macabras reuniones nocturnas.
La creencia de que se daban aquelarres en dicho cerro fue la comidilla de la sociedad iqueña por varios años, por no decir siglos.
Es una tradición que ha quedado remarcada en todas las generaciones.
Sin más preámbulos, presento:
Aquelarres: reunión de las brujas en el Cerro Prieto.



Una de las historias de terror más famosas y aterradoras era que en el Cerro Prieto se hacían aquelarres de brujos y brujas al amparo de la noche.
Actualmente dicha leyenda se está perdiendo y debo reconocer que yo conocí dicha leyenda al leer el libro "Leyendas y Tradiciones Iqueñas" en el 2004.
Todo lo que conozco de dicha leyenda es básicamente es en base a dicho libro, por lo que es mi fuente primaria para tocar esta leyenda.
Según Juan Donaire Vizarreta, las brujas venían de Cachiche y de otras localidades cercanas. Celebraban dichas reuniones bajo presidencia de Satanás. Ejecutaban danzas macabras, renegaban de todo lo santo y hacían daño a determinadas personas mediante conjuros mágicos. Entiéndase la frase hacer daño por hacer alguna brujería relacionada a la magia negra para ocasionar accidentes o incluso la muerte.
Entre ellos también peleaban por lo que cuando la situación se acaloraba, Satanás los callaba lanzando fuego por la boca.
Cuando el daño no producía el efecto deseado por los brujos, ellos lo arrojaban a la sucursal del infierno, situada en las laderas del Cerro Chico. Se aprecian desde lejos dos lenguas de fuego, incrustadas en las piedras.



En los días de las referidas reuniones fatídicas se oían gritos, lamentaciones, ruidos extraños y retumbar de tambores y redoblantes. Dichos ruidos se escuchaban hasta que en el siglo XIX se pusieron las tres cruces que se contemplan hoy en día.

Dicho Cerro Prieto es también celebre puesto que allí una famosa bruja se bautizó como tal. La bruja Heralda fue bautizada en el mismo cerro Prieto y allí se reuniría en cuantiosas reuniones nocturnas donde conjuraba sus males, bailaba diabólicamente y se echaba a volar sobre una escoba transformada en una anciana de aspecto horrible.
Se puede apreciar aún la vivienda de piedra que ocupó Heralda en el cerro. Allí se reunía con su comitiva de brujos.


domingo, 26 de febrero de 2017

Libro “Leyendas y Tradiciones Iqueñas” - Juan Donaire Vizarreta (Leyendas de terror de Ica, Perú)

El libro “Leyendas y Tradiciones Iqueñas”, cuyo autor es el escritor y profesor iqueño Juan Donaire Vizarreta, fue publicado en el año de 1985.
Es un libro de tapa pequeña que contiene 17 de algunas de las más resaltantes leyendas y tradiciones del departamento sureño de Ica, tal y como lo manifiesta el título del libro.
Son 17 leyendas de fantasmas, aparecidos, leyendas, milagros, etc. que ocurrieron en distintas partes del departamento de Ica, el cual está al sur de Lima, capital de Perú.
Entre las 17 leyendas que más me atrajeron puedo nombrar a 6, debido a que son historias de fantasmas y cosas paranormales.





Leyenda n° 1: La media luna
Esta leyenda la oyó Donaire de pequeño. Cuando hay un movimiento sísmico se oía un lejano ruido similar a un bramido de fieras que venía de la Quebrada de Pisco, siendo comentado por los campesinos de Pisco que eso se debía a que la Media Luna se ha enfurecido.
Donaire explica que esta leyenda se la contó un anciano que conocía las historias y tradiciones de ese lugar de Ica. Hace años en la cima del cerro de la Media Luna existía una laguna en la que había bastantes camarones. Dicha laguna fue puesta por la luna para que le sirviera como un espejo para cuando quisiera salir de noche. Nadie podía acercarse a la cúspide del cerro bajo pena de quedar encantado, ósea bajo un encanto. Es menester aclarar lo que significa la palabra encanto en este contexto, la cual se refiere a un acontecimiento paranormal que el contemplarlo trae la consecuencia de verse arrastrado a otra dimensión fuera de esta realidad y ser convertido en un ánima.
Pero el diablo se apoderó de ese lugar y de los seres vivos que llegasen allí. Los camarones se convirtieron en demonios que en esa forma de crustáceos esperaban atrapar a los incautos que por allí se adentraran.
Hubo muchos encantados. Se refiere que los que se iban a pescar camarones no volvían pues el diablo cargaba con ellos. Se ven en una ladera del susodicho cerro una guitarra y un cajón creyéndose que fueron encantados unos cantantes que iban a dar serenata.
Se dice que en noches de luna nueva se oyen las voces y melodías de los encantados.
Se especula que los encantados están pagando las faltas y pecados que cometieron en vida.
En una ocasión, la luna apareció y en ese momento la laguna voló hecha pedazos como si de un espejo se tratase. Las aguas descendieron por la ladera del cerro, dejando la estela de una media luna, siendo esta marca la vigilante del lugar.
Cuando hay un movimiento telúrico, se oyen los gritos de las personas y animales que están atrapados en dicho lugar y además se observan destellos cuando el diablo quiere hacer de las suyas pero no pueden hacer nada.
El autor cuenta que una noche se acercó con varios amigos a dicho cerro para explorarlo pero en eso el viento zumbó hacia el cerro creando raros y siniestros ruidos, cosa que hizo que al final declinasen.




Leyenda n° 2: Huacachina
La laguna de Huacachina es una laguna famosa por la propiedad medicinal de sus verdosas aguas. Se halla situada a cinco kilómetros al oeste de la ciudad de Ica, entre arenales y altos médanos. Modernos edificios rodean dicha laguna a la par de huarangos, juncos, toñuces y demás árboles iqueños.
Es interesante que en las noches de luna llena varias parejas de enamorados se hacen promesas de amor bajo la sombra de un encorvado y añoso huarango.
Hace muchos años vivía en los alrededores del caserío de Comatrana un hombre melancólico que se dedicaba a las labores del campo. Un día se topó con una mujer muy hermosa y él se enamoró muy locamente de ella. Cabe decir que antiguamente en los caseríos todas las personas se conocían por ser muy pocas por lo que él nunca la había visto y debe suponerse que ella era una forastera o que vivía en una comarca cercana.
Él soñó que ella vivía entre huarangales entre los médanos y cómo estaba tan perdidamente enamorado que sus ansías de volver a verla fueron tantas que fue a visitar dunas con la esperanza de encontrarla allí.
No la encontró pero se hizo aficionado a cazar palomas, tórtolas y otra variedad de aves típicas de la zona.
Una noche vio a una paloma posada sobre la copa de un árbol y se dispuso a cazarla pero la paloma voló a unos árboles hasta que se metió en el espeso follaje de los huarangos. Poco después oyó el arrullar de una paloma que parecía llorar. Dicho arrullo se trasformó en una melodiosa canción que la cantaba una mujer.
Se dirigió al pequeño bosque de huarangos y vio a la mujer que andaba buscando. Ella mientras cantaba, cavaba un pozo de donde fluía agua fresca. Se bañaba allí y mediante un espejo contemplaba y peinaba su cabellera rubia. Por el espejo ella vio al cazador y sintió temor.
Ella se alejó de él ante lo cual el cazador la llamaba para que se acerque pero ella le dijo que no podía tener contacto carnal porque había sido designada como sacrificio al dios de los campos para que enviara lluvia.
El cazador quiso atraparla pero ella echó a correr. La chica fue derribada por el tronco de un huarango y cuando fue allá el cazador vio que se había formado una laguna producto de que el espejo de la chica se convirtió en laguna. La tela que cubría a la mujer se convirtió en médanos y ella se transformó en sirena. El color de las aguas tendría el color de sus ojos verdes.
Desde ese momento la laguna tenía propiedades curativas.
Con respecto al nombre, es un nombre quechua compuesto por las palabras huacca que significa “llorar” y china que significa “joven”, lo que significa la joven que hace llorar.
Ahora, sobre la sirena y sus apariciones se dan por muchas pero dichas apariciones serán tocadas en otro video.




Leyenda n° 3: Cerro prieto
El Cerro Prieto es un cerro de color negruzco que se encuentra al oeste del pueblo de Guadalupe que es la capital del distrito de Salas, el cual está ubicado al norte de Ica.
Es un cerro alargado de norte a sur y al parecer fue lugar de veneración desde tiempos prehispánicos.
Restos de raras construcciones de piedra están desperdigados por las laderas del cerro. Hay unos escampados que parecieran haber sido unas carreteras bordeando montículos de piedras encontrándose pequeñas plazoletas como si dieran paso al encuentro de dos carruajes.
El Cerro Prieto fue una pacarina o tótem al que el pueblo acudía a rendir culto a sus dioses.
La pacarina es una divinidad particular de cada ayllu o grupos de familiar siendo una montaña, lago, mar, etc.
Como acto de extirpación de ese culto se puso las cruces en la cima.
La leyenda del origen del Cerro Prieto es la siguiente:
El Cerro Prieto fue un monstruo que fue enviado para destruir todo lo que encontraba a su paso, convirtiendo en pampa desolada la mayor parte del terreno comprendido entre el mar y los contrafuertes andinos.
Los pobladores oraron y potentes rayos se incrustaron en el cuerpo del monstruo, matándolo.
Tras morir se convirtió en montaña.
Pero antes de morir, el monstruo pidió al diablo que se apoderasen de sus restos y castiguen a las personas.
Sin embargo, más que la leyenda del cerro lo que es más aterrador son las historias que se le relacionan al cerro.
Se cuenta que el diablo pasa en una carreta por el cerro. Un señor que no quiso creer dicho rumor se fue de noche al cerro pero su sorpresa fue enorme cuando vio una carreta que se acercaba rápidamente hacía él. Él se trepó a su caballo y huyó en dirección al pueblo de Guadalupe y hasta allí lo persiguió la carreta. Al día siguiente de ello estaban las huellas de la carreta. El propio escritor Donaire vio las huellas de la carreta, supongo en sus años tiernos.
Donaire dice que escuchó el redoblar de tambores así como las notas de una banda de músicos.
También se cuenta que en este cerro están escondidos sacos de oro y plata, enterrados por los montoneros, poniendo como señal una caña brava.
El Cerro Prieto fue testigo de reuniones de brujos y brujas pero esa es otra historia que contaré en un futuro video.




Leyenda n° 4: Saraja
El cerro Saraja es una colosal duna que domina a la ciudad y que poseía una laguna que se secó.
No hay un leyenda de su origen como en las leyendas del origen del cerro de la media luna, la laguna de la Huacachina y del cerro prieto, pero si hay bastantes leyendas sobre el entorno del cerro de Saraja.
En ese lugar se cuenta que en las mañanas nubladas, en los atardeceres tranquilos o en las noches de luna llena se veía sobre los arenales de la laguna a una mujer que bailaba al son de una música surgida de los lejanos médanos. Cualquier persona que viera tal baile era atraído por la bailarina hacia la laguna en la cual la víctima se hundía y no volvería salir.
En Saraja también se dio el caso de que una niña, quien sufría los maltratos de una familia acomodada, fue a recoger leña a este paraje y que una misteriosa y a la vez hermosa mujer la ayudó dándole toda la leña posible así como le regaló unos montones de carbón. La niña los puso en su habitación pero que en la noche dichos carbones se convirtieron en oro lo que atrajo la avaricia de los dueños quienes le preguntaron a la pequeña sirvienta de donde había sacado tanto oro y ella le dijo. Al día siguiente fueron muy de mañana al referido lugar. Fueron con un grupo de músicos porque se enteraron que a ella le gusta la música pero al llegar vieron que había una entrada en el cerro. Dicha entrada conducía al fondo al oro, bajo la sombra de floridos árboles. Ellos cruzaron el portón del cerro y ni bien lo hicieron quedaron atrapados en el cerro.
Se comenta que ellos y otros encantados hacen alboroto en el interior del cerro al ser el mediodía o la medianoche, oyéndose incluso notas de bandas musicales.
Cierto día, unos alumnos del colegio nacional “San Luis Gonzaga” se tiraron la pera, término coloquial para decir que faltaron a clases y se fueron a vagabundear. Se fueron hacia Saraja. Vieron, pues, un hermoso jumento que pastaba debajo de un huarango pero cuál fue su sorpresa que dicho animal crecía para dar cabida a todos. Ellos se asustaron y regresaron a la ciudad. Estaban convencidos de que el diablo se convirtió en asno para cargar con ellos al encanto de Saraja.
Al igual que el cerro Prieto, el cerro Saraja fue un lugar de adoración, siendo venerado como una pakarina.
Saraja es el compuesto quechua de Sara que significa “maíz” y Acja que significa “chicha”. Era pues el lugar donde se hacía o se libaba chicha de maíz en honor a la divinidad.
Hay unas líneas que se refieren a Saraja:
Debajo de una gran palma, juego lento la baraja, pensando con toda el alma, en el cerro de Saraja.




Leyenda n° 5: Botaron al diablo en Huaitará
Huaitará es una ciudad serrana ubicada a 2,500 metros sobre el nivel del mar. Quiere decir Flor mía. Cuenta con varios restos arqueológicos siendo el más conocido las ruinas de Incawasi.
Una persona natural de Huaitará comentó que en dicho lugar estuvo el diablo haciendo daño a la gente pero luego lo pudieron botar hacia Ica. El escritor Donaire le preguntó cómo era esto y él le dijo que no podía decir más porque los cerros escuchan, dando a entender que el diablo quien mora en los cerros podía escucharlo y hacerle algo terrible.
Así pasó con otro natural de Huaitará.
Sin embargo cuando ya había regresado a Ica, se encontró con un amigo natural de Huaitará quien le contó lo siguiente:
“Don Cirilo Puma vivía cerca de Santa Catalina que es uno de los sitios arqueológicos más valiosos de Huaitará. Su vivienda aunque era moderna inspiraba miedo y respeto. Él atendía ciertos negocios en Ica o en Lima por lo que a veces se ausentaba de su casa y permanecía varios meses en dichas ciudades.
Se comentaba que en su casa cuando no estaba se reunían personajes desconocidos para ejecutar danzas macabras y renegar de Dios. En algunas noches se oían gritos desgarradores a la par de aullidos de lobos.
Había llegado a vivir en la referida casa un personaje cuyo nombre nadie lo sabía. Usaba vestidos elegantes y caminaba rítmicamente. Él era quien organizaba dichas reuniones.
Nadie conversaba con él.
Muchas desgracias hubo en el pueblo cuando él vino: mujeres asaltadas y violadas en el campo, dificultades raras en el trabajo campesino y fuertes remolinos por las encrucijadas que oscurecían el paisaje.
Un atardecer se vio hacia el lado del lugar llamado Huatas a un grupo de personas vestidas de rojo ejecutando danzas alrededor de un montículo de piedras y el personaje extraño era quien dirigía tal actividad.
Esas personas se dieron cuenta que el pueblo los miraba y desaparecieron en un estela de humo.
A partir de allí, la gente cada vez que lo veía le increpaba quien era y a qué se dedicaba.
La comunidad decidió citarlo para que declare pero ante la negativa del sujeto quien no asistió en varias oportunidades se decidió por expulsarlo.
Una mañana lo llevaron y lo sacaron de Huaitará con la amenaza de matarlo si es que regresaba.
No pasó mucho cuando hubo una tempestad venida del oeste. Un griterío se oía de lado del remolino.
La multitud de personas vieron que en dicho lugar, para ser más precisos sobre la cumbre del cerro Qolca, estaba el personaje junto a otros personajes y él les dijo que era dueño de todos los cerros y que se iba de paseo a la costa pero que en cualquier rato regresaba. Luego despareció junto a sus amigos.
Se dice que ese personaje no fue otro que el mismísimo diablo.




Leyenda n° 6: Heralda, la bruja
Había una mujer que vivió por las primeras décadas del siglo XX, llamada Natiel quien tenía fama de ser una bruja capaz de dañar y destruir a las personas.
Todos le temían y procuraban no mencionar su nombre. Era objeto de miedo y terror.
El autor estaba cerca del cerro Prieto. Un señor le contó la siguiente historia:
“Esas paredes derruidas que se ven en el cerro Prieto son restos de la morada de doña Natiel y allí se reunía con otros brujos bajo la presidencia de Satanás.
Ella en su juventud era una mujer muy bondadosa además de bella y alta. Una noche de fuerte tormenta apareció en la puesta de su casa un joven vestido quien resultó ser el diablo.
Tras seducirla, la llevó a la cima del cerro prieto donde estaban varias personas vestidas con ropas raras y haciendo bailes macabros.
El diablo tras decirle unas palabras la convirtió en bruja tras un ritual de iniciación en el que le chupó la sangre de los dedos de la mano izquierda y se la escupió en el rostro.
Natiel cambió su nombre por Heralda. Ella aprendió la técnica de volar diciendo las palabras cabalísticas “Sin Dios y sin Santa maría me voy feliz por esta vía” y se echó a volar en una escoba y su rostro se convirtió en el de una anciana decrepita.
Ella a través de la magia negra y la hechicería causó raras enfermedades, deformaciones en el rostro y en algunos casos causaba la muerte.
Tomaba la tierra pisada por la persona designada para el daño, la envolvía con cuidado formando un muñeco, el cual lo llevaba al cementerio y lo enterraba y luego le echaba ese polvo más tierra de muerto a la persona en un descuido. También lo remojaba y daba de beber, causando una muerte rápida pero dolorosa.
Ella podía convertirse en fiera o en animal doméstico y podía causar la muerte con graves y profundas heridas. Una anécdota es que quiso corregir a un pariente suyo que salía de noche y le dijo que no saliera de noche por el camino a Rincón puesto que sale un pavo salvaje que puede matar. El sujeto no le hizo caso y ella decidió espantarlo.

Ella se convirtió en pavo gigante y se le cruzó en el camino. Él tenía un garrote y le dio al pavo una tanda que lo dejó tirado en el suelo. Al día siguiente, Heralda estaba enferma con varias costillas rotas. Ella se dejó hacer así porque le tenía gran cariño, en otro caso ella lo hubiera matado al primer aletazo.